Estás en una roca que viaja por el espacio a toda pastilla
Viajas a una velocidad absurda en una roca que vuela por el espacio sideral. Si miras al cielo de noche verás más rocas que te acompañan en este viaje; unas arden con violencia mientras otras están frías. Te desplazas a cien kilómetros por segundo pero no lo sientes. En cambio, cuando te subes a un patinete que va a treinta kilómetros por hora se te eriza el vello de la espalda. ¡Qué sorprendente!
En el universo hay 10.000.000.000.000.000.000.000.000 planetas. Planeta arriba, planeta abajo. O bien en ninguno de ellos hay vida inteligente, o en alguno de ellos hay vida. Ambas opciones son conmovedoras e inquietantes por igual. Yo prefiero la segunda, es más emocionante.
¿Pero qué es la vida? En última instancia no lo sabemos. Apareciste en este mundo por voluntad de otros, nadie te pidió permiso. No existías, y en un momento dado exististe. Qué extraño es existir.
Un día morirás, pero lo harás por partes. Primero tu cerebro y tu corazón. Por un breve período de tiempo, muchas células de tu cuerpo seguirán funcionando como si nada. Lógicamente, tú no te enterarás. Finalmente, todas detendrán su actividad y se degradarán, hasta que vuelvas a ser polvo de estrellas.
Y es que estás compuesto por tantas partículas como planetas hay en el universo. Partícula arriba, partícula abajo. ¿Conoces la paradoja del barco de Teseo? Tú estás formado por pequeñas piezas. Esta cifra inconmensurable de piezas se ha ido reemplazando constantemente durante tu vida, como un barco al que le reparan los listones del casco. Cada vez que comes ganas nuevas partículas, cada vez que excretas pierdes partículas que eran tú.
Eres el último eslabón de una cadena de reproducción ininterrumpida desde el inicio de la vida hace 3.700.000.000 años. Tienes algo no sólo de tus padres y abuelos sino también de tus ancestros del s.XII, y de los de la prehistoria, y de los que aún eran monos, y de los que aún eran ratas, y de los que aún eran peces, y de los que aún eran células. Una célula se dividió hace cuatro mil millones de años y tú hoy estás aquí leyendo esto.
Por nuestra querida roca han pasado cien mil millones de humanos. ¿Cuántos aparecen en los libros de historia? Unos pocos miles. Políticos, artistas, científicos, filósofos, empresarios. Tienes que hacer algo muy gordo para que tu nombre se recuerde tres generaciones después de que dejes de existir.
Empezamos con las rocas y acabamos con las rocas. Un día también ellas dejarán de existir. ¿Nunca te lo habías planteado? Sí, incluso el universo tiene fecha de caducidad. La cifra es un uno seguido de mil ceros. ¡Mil ceros! Para qué escribirlos, para qué leerlos, si ni tú ni yo ni nadie podemos comprender ese número. Sin embargo, cuando llegue ese día, nada existirá.
Qué extraño es existir.
¿Nunca te habías cuestionado tu existencia y tu mortalidad? Bienvenido. Siempre hay una primera vez para todo. Te estarás preguntando, perdón, me estarás preguntando, con qué objetivo he despertado tus demonios.
Tuve un profesor en la Universidad que nos felicitó por "ser el peor grupo que jamás había tenido". ¿Felicitó? Sí, decía, "significa que sólo podemos ir hacia arriba".
Hay que tocar fondo para remontar. La enfermera Bonnie Ware publicó un libro después de haber trabajado muchos años en paliativos. Descubrió que, de forma consistente, las dos cosas de las que más se arrepentían los moribundos eran no haber arriesgado más y no haber pasado más tiempo con los suyos.
La muerte da sentido a la vida, pero somos incapaces de aprovecharla. Estar a las puertas de la muerte produce una revelación mística que proporciona una claridad y paz inigualables. El problema es que esta clarividencia es breve; la mayoría de gente que está a las puertas de la muerte acaba muriendo. Algunos, incluso después de haber experimentado esta presciencia, despilfarran su segunda oportunidad. Imagínate cómo de difícil es aprobar esta asignatura si ni siquiera los repetidores lo consiguen.
El resto, tú y yo, debemos de conformarnos con una racionalización descafeinada de lo que representa dejar de existir. Buscamos desesperadamente referencias a la muerte en la cultura pop que nos ericen las neuronas, pero sin pasarse. Hollywood nos vende Valar Morghulis en pequeñas píldoras fácilmente digeribles. Tampoco les culpo; nuestro cerebro se niega a aceptar la inexistencia, quiere recompensas rápidas y pasar página. ¿Es un fallo o parte del sistema? Muy probablemente esta limitación fisiológica es la que nos mantiene cuerdos en el día a día.
Este artículo es mi contribución a tu memento mori, el toque de atención que no sabías que necesitabas, que quizá desearías no haber leído. Si la cabeza no te está dando vueltas es que he fracasado como escritor. “Si pudieras enviar un mensaje a todas las personas de la tierra, ¿qué les dirías?”. Les diría esto, exactamente, palabra por palabra, les enviaría este artículo. Este es mi mensaje a la humanidad.
Venimos con las manos vacías y nos vamos con las manos vacías. Qué sinsentido es malgastar tu dinero en cosas cuando sólo importan las experiencias. Grábatelo a fuego: cada día que pasa pierdes una oportunidad para hacer esa visita, besar a esa persona, acariciar esa mascota, iniciar ese proyecto. El destino es de sobras conocido, tan sólo importa el viaje. Tan sólo importa que, el día que estés tú en paliativos, y la enfermera te pregunte de qué te arrepientes, puedas esbozar una sonrisa y responder con orgullo, "amiga mía, no me arrepiento de nada".
Tan sólo importa que, de vez en cuando, recuerdes que estás en una roca que viaja por el espacio a toda pastilla.